Desde esta Dirección Nacional se ha tomado la firme determinación de promover, facilitar, dirigir y supervisar un conjunto de medidas destinadas a medir los índices de gestión de todas y cada una de las áreas que intervienen para cumplir con los objetivos que la Constitución, las Leyes y los Reglamentos le asignan al Servicio Penitenciario Federal.

Para ello se ha decidido atender a un correcto y eficiente manejo de los recursos institucionales para maximizar su rendimiento en la inteligencia que, cada uno de los funcionarios, sin distinción de niveles y funciones, desempeñarán las funciones con excelencia, por lo cual, además de cumplir con el cuerpo normativo celosamente, deben acudir a los aportes que realizan las distintas ciencias vinculadas con la función penitenciaria y en especial a la criminología, atendiendo los sobrados argumentos doctrinarios, académicos y fácticos que así lo indican.

La función penitenciaria implica trabajar en un entorno riesgoso, complejo y con escasa cooperación de los destinatarios de los esfuerzos, ya que la custodia de las personas privadas de la libertad conlleva implícitamente realizar tareas difíciles y en un contexto muchas veces adverso.

Consciente de ello, se impartieron directivas para fortalecer los espacios de formación y capacitación del personal penitenciario, al tiempo que se impulsó fuertemente el desarrollo del área de bienestar para mejorar las condiciones laborales y personales del personal.

La historia del Servicio Penitenciario Federal la acredita como precursora de la profesionalización de la carrera, y por eso el personal debe actuar en su obrar cotidiano técnicamente, respetando las recomendaciones internacionales, las buenas prácticas penitenciarias y los procedimientos plasmados en protocolos y acciones fundadas y objetivas.

Para responder sobre la eficacia y la eficiencia en la gestión, además, se profundizó en la implementación de estudios que miden y cuantifican objetivamente los resultados de las políticas y programas en ejecución.

En línea con las mejores prácticas internacionales, se apunta a reducir los índices de reincidencia, promover el desistimiento del delito y atender a la protección pública.

Los principios rectores de la actual gestión, promueven la aplicación de programas de clasificación inicial por riesgo, generando una herramienta de evaluación objetiva, para generar confiabilidad y disminuir la probabilidad y el margen de error en las distintas evaluaciones.

Estas técnicas otorgan la posibilidad de definir criterios objetivos de clasificación, categorización y alojamiento en términos de protección pública e identificar con mayor precisión los riesgos de violencia para sí y para terceros, las probabilidades de fugas y conflictividad y en consecuencia proveer de mayor racionalidad las decisiones de la administración.

En relación al tratamiento, durante 2015 se impulsa el modelo de clasificación por riesgo y necesidades y la ponderación de los factores estáticos y dinámicos asociados a la comisión de ilícitos. También el trabajo mediante la aplicación de programas cognitivo conductuales y el empleo de modernas técnicas de criminología aplicada.

Estas líneas permitirán trabajar en el diseño de programas específicos de abordaje para alcanzar la reducción de la reincidencia, mejorar la seguridad y protección pública, y por ende cumplir con el catálogo de derechos y obligaciones que imparten las normas nacionales e internacionales.

También se destinan esfuerzos para aprobar protocolos simples y objetivos y en capacitar a quienes laboran con ellos, con el fin de reducir al mínimo el margen de error y la discrecionalidad. Además se apunta a proveer de estándares normativos acordes a los deberes y obligaciones que caben como servicio público.

Se sentaron las bases para la construcción de un sistema objetivo que, basado en la evidencia, incorporó herramientas criminológicas aplicables a los abordajes de las personas privadas de libertad y para dar fundamento científico a las decisiones de la administración.

También a fin de mejorar el ambiente de cooperación y contención ponderando la interacción entre el personal penitenciario y las personas privadas de la libertad, se implementa el sistema de seguridad dinámica, el que genera dispositivos tempranos de alerta y evita eventuales escaladas de violencia y conflicto. Esta modalidad de trabajo, se dirige a crear un clima laboral con menor índice de estrés, tensión y mayor templanza.

Para alcanzar los objetivos mencionados, se reasignaron al Instituto de Criminología funciones específicas destinadas a profundizar investigaciones científicas e interdisciplinarias, y a generar y concretar acciones docentes.

La Dirección Nacional, impulsa programas de sustentabilidad ambiental y de gestión del riesgo de desastres, los cuales hasta ahora resultaban ajenos al ámbito penitenciario. Todo ello para contribuir al medio ambiente y a crear una conciencia social sobre esa finalidad.

Por lo dicho, esta Dirección Nacional ha resuelto ejecutar una política sostenida en una gestión indiscutiblemente técnica, profesional, con fundamento científico y en donde cada uno de los integrantes de la institución asuma comprometidamente la carga legal y exigir lo mismo a sus superiores, pares y subalternos.

Se trata, en definitiva, de gerenciar laborando en equipo, asumiendo el desafío que va a permitir generar cambios y mejorar la calidad de vida laboral y relacional. La indicación es que en cada espacio laboral se conforme un equipo de trabajo firme, responsable, con gran capacidad de comunicación entre todos los integrantes, para consolidar los programas de trabajo con una impronta científica, profesional y técnica.

Todos los que trabajamos en la función penitenciaria requerimos de muchas cualidades, pero indefectiblemente debemos amar lo que hacemos, pues este trabajo penoso -al decir de Naciones Unidas- es también gratificante al momento de sentir la convicción de que se ha puesto todo de sí y asegurado los medios para cumplir con la función institucional.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Emiliano  Blanco

Director Nacional